lunes, 2 de mayo de 2011

El Espacio Público y la Participación



El jueves pasado me tomé un café en el bar de abajo del edificio la Consejería de Vivienda, en Sevilla. Sin poder evitarlo, escuché parte de la conversación que mantenían dos técnicos en la barra:
Técnico 1.- Esta noche tampoco he podido pegar ojo.
Técnico 2.- Si, lo peor que te puede pasar es que pongan un parque debajo de tu casa.

Esa tarde, Factor-ía y [espacioelevadoalpúblico] tuvimos una presentación en el Centro Cívico “El Esqueleto” del pre-anteproyecto de reurbanización de una Avenida en Polígono Sur. Se trataba de trasladar a los vecinos del barrio qué conclusiones habíamos reflejado en el anteproyecto tras un proceso participativo de unos dos meses. Una especie de “devolución” abierta a cambios.
Para conocer los deseos  de los vecinos con respecto al anteproyecto asistimos a una serie de reuniones tanto de asociaciones (mujeres, jóvenes, tercera edad…) como de comunidades de vecinos. Además, tras un tiempo de difusión, llevamos a cabo una serie de acciones urbanas en la propia avenida, bautizadas "Vamos a hacer la calle", que incluía entre otros, un “itinerario cultural”, un “vivero de actividades”, una estación de tren fictica “tras el muro” o un “camino del este”, con la intención de provocar interacciones en el espacio público y conocer los deseos de los vecinos que no estaban constituidos en ningún grupo concreto.


(Ver más fotos de las acciones aquí o aquí)

Hablamos de una “Avenida-Parking” de 800 metros de longitud y 60 metros de ancho, que se diseñó a gran escala como soporte de una gran afluencia de tráfico. Cuenta con dos carriles por sentido y aparcamiento en batería a ambos lados y en la mediana (es decir, cuatro filas de aparcamiento en batería) y cinco rotondas. En la propuesta planteamos reducir el tráfico a un carril por sentido, reubicar los aparcamientos y peatonalizar amplias zonas. Es aquí donde se hace complicado transformar la “Avenida-Parking” en “Avenida-Parque” ya que los vecinos quieren mantener las plazas de aparcamiento y la cercanía de las mismas a sus viviendas por motivos de seguridad. Vamos, la Avenida es lo menos parecido a los dibujos de 1972 de Niek de Boer de uno de los llamados "Barrios coliflor" (imagen: pot SUJU).



En dicha reunión mostramos el proceso de participación para los que se lo hubieran perdido, el recuento de peticiones que nos había llevado a un diagrama de deseos que luego reflejamos en el plano y algunos fotomontajes de la calle. Los asistentes comenzaron a quejarse fundamentalmente por la reducción de plazas de aparcamiento y las zonas de estancia propuesta (bancos y elementos de sombra incluidas).
Los motivos:
  1. Querer un par de plazas de aparcamiento por familia, y cerca de su casa.
  2. No querer zonas de estancia cerca de sus casas por miedo a las botellonas, o al ruido y vandalismo que generan.
¿El  hecho del ruido causado por una botellona prevalece ante la opción de que un peatón mayor o agotado pueda sentarse a la sombra a medio camino de una Avenida de 800 metros? ¿Es lógico ceder el espacio de reunión y de juegos al coche?



Esto me recuerda al post (recomendable) de Santiago Molina, recientemente publicado en La Ciudad Viva  -ver aquí- bajo el título: ¿hay que dar a la gente la arquitectura que se merece? Frase horrible, pero que a todos se nos ha venido alguna vez a la cabeza. En este post se cita el “proyecto de las setas”. Recuerdo las conversaciones en el bar Alcázares cuando las setas estaban en obras y completamente valladas. “Valiente mamarracho!”, era lo menos dañino. Sin querer defender el polémico proyecto, he sido la primera sorprendida con la reacción de los usuarios tras la inauguración. A pesar de la pasarela y mirador no conseguidos en la cubierta, el espacio ganado tras la apertura de la calle como paseo peatonal a ambos lados del mercado genera un tránsito peatonal cotidiano del que se puede escuchar frases del tipo “Pues no está tan mal”, o “Me va a acabar gustando”..

La experiencia en Polígono Sur nos ha demostrado que preguntar acerca del espacio público en cuestiones como la seguridad, las posibles actividades, los usuarios o el mantenimiento  a un grupo de personas sentadas en un espacio cerrado genera reacciones más pesimistas que las encontradas en el propio espacio público en el marco de una acción compartida.
De hecho, las conclusiones obtenidas el pasado 7 de Abril en propia la Avenida (con el tráfico cortado en uno de los sentidos) y durante acciones como la de la Rifa de macetas “Cuida tu maceta, cuida tu barrio”, la Batucada, El vivero de Actividades o la Instalación de la estación de cercanías “Bami-Murillo”, son las que más se inclinan hacia amueblar la avenida, llenarla de actividades y relegar al coche a un segundo plano.


Imagen: Diagrama de deseos colectivos resultado

Pensamos que lo importante en el espacio público es facilitar el uso del peatón. Si se valla o se consigue gestionar un mercadillo por parte de los vecinos, si los juegos infantiles o aparatos de gimnasia son necesariamente “estándares” y caros, o se hacen botellonas por las noches, pasa a formar parte de una lucha del usuario, que es el que no debiera despistarse y reclamar su protagonismo en la toma de este tipo de decisiones. Pero fundamentalmente, desde el proyecto, ha de generarse el soporte capaz de dar lugar a las situaciones que los usuarios reclamen, ya sea un mercadillo, una zona de juegos, o de estancia, una botellona, un escenario multiusos o simplemente un paseo sin obstáculos.
Y como siempre, es el sentido común el que ayuda en estas cuestiones. La discusión del pasado jueves por la tarde con los vecinos de Polígono Sur acabó de forma pacífica tras acordar con ellos no ubicar los bancos (susceptibles de botellón) a un par de metros de la ventana de los bajos, o reducir los aparcamientos en superficie de manera proporcional a la densidad de viviendas cercanas. Este tipo de detalles que parecen tan obvios, son los que significan ese cambio de relaciones entre ciudadanos, políticos y arquitectos, y como dice Santiago Molina, “Son mínimas intervenciones suficientemente pactadas e informadas, parecen un camino sin retorno para el desarrollo de la ciudad en los tiempos venideros. Y seguramente sean la garantía más sólida para propiciar una vida urbana sana”.

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